Hay sabores que uno nunca se cansa de degustar. Alimentos que al formar parte de un plato en la mesa traen consigo recuerdos. El comer pasa a ser algo más que catar, pasa a ser un viaje de experiencias con los cinco sentidos donde se reviven etapas de nuestra vida ya pasadas. Lo sencillo de una comida pasa a ser complejo tan solo con un toque de aceite de oliva virgen extra.

Este aliado perfecto de las delicatesen, con unas gotas, traslada en el tiempo. De hecho, aunque muchas veces consideremos que la vida es única, y que cada uno la vive con sus matices, hay hechos que se comparten. No tiene el mismo sabor en la infancia que en la adolescencia y mucho menos en la edad adulta.

 

INFANCIA

En la niñez damos los primeros pasos por la vida, empezamos a hablar, a caminar y también a probar nuevos sabores que van más allá de la leche en polvo. La sobremesa resulta algo más atractiva y, ¿quién no recuerda esa tostada de aceite de oliva virgen extra que le preparaba la abuela? ¿Qué me dices del bocadillo especial de papá de aceite, tomate y jamón? ¿Y de esos recreos en los días especiales de pan con aceite y azúcar?

Desayunos que llevan a recuerdos tan solo por haber estado presente él. Cuando se dice que el aceite de oliva virgen extra es ‘Oro líquido’ no se está exagerando ni por un momento. El AOVE llena infinidad de significados desde que nacemos, aunque en la primera cata, al ser noveles nos denote amargor.

 

ADOLESCENTES

La adolescencia esa época crucial donde vivimos el primer amor, donde nos encanta experimentar y en la que vivimos como no hubiese un mañana, queriendo descubrir con ansias todo lo que nos rodea.  Con los sabores nos empieza a ocurrir lo mismo, siempre que nos resulte atractivo. Por eso, nos abrimos al aceite de oliva virgen extra, un manjar que recuerda a la niñez pero que en esta edad sabe mejor; y que no engorda y permite mantener la figura.

En la adolescencia se produce la parte más intensa de la búsqueda de la propia identidad, y los círculos sociales a los que se quiere pertenecer ganan mucha influencia en la persona. Por eso, nos atrevemos a catar incluso el salmorejo con su chorreón de AOVE, si no fuimos adelantados en la niñez.

 

ADULTO

Ya nos toca ponernos el delantal. Aquí es donde se aprende a vivir y nos damos cuenta que las cosas no se hacen solas. Además, nos gusta impresionar por lo que buscamos platos sencillos que no precisen que seamos expertos culinarios y que impresionen a nuestro invitados parar que no nos pongan la etiqueta de “pesadilla en la cocina”. Por eso, nos hacemos aliados de productos agradecidos que nos resuelvan la vida para elaborar platos con los que presumir pero que no nos suponga quebraderos de cabeza como esas ensaladas saludables con el toque de aceite de oliva virgen extra.

Una vez estamos más experimentados, pasamos a un segundo nivel. Quizás en un primer momento preguntamos y seguimos recomendaciones, pero después cuando nos sentimos más suelto entre fogones pasamos a aventurarnos en las artes culinarias y dejar la imitación de platos tradiciones que nos enseñaron familiares y amigos por otros que descubrimos inventando combinaciones con los restos de la nevera.

 

VEJEZ

La vida no se ve igual con estos ojos: no eres anfitrión, sino invitado. Valoramos cuando la mesa se llena y podemos presumir de estar todos juntos, aunque no cesen las discusiones.

La experiencia culinaria de años hace que todo se sepa entre fogones, pero no es inevitable sorprendernos por méritos ajenos. Por eso, una vez llegados a nuestra faceta gourmet, mientras todos felicitan por esos aperitivos delicados en los que no faltan pinceladas doradas, a la mente nos llegan los recuerdos de todo lo vivido junto a nuestro querido amigo: el aceite de oliva virgen extra.

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