Hay alimentos que nacen para ser caprichosos. Quizás el agua se puede beber usando una copa o un vaso pero en cuestión de vinos, sin copa para catar se pierde demasiado. Con el aceite de oliva virgen extra ocurre lo mismo. No es lo mismo probarlo en una ensalada en crudo, en el que se conservan todas sus propiedades, que en un guiso donde la mezcla de sabores entre fogones mata su sabor.

Para disfrutar de las diferentes cualidades y beneficios que otorga la ingesta del aceite de oliva, lo mejor es consumirlo siempre en su forma cruda:

  • A cucharadas. La degustación de aceite de oliva virgen extra en su esencia sin ningún tipo de acompañante te permite degustar todo su sabor original hasta el punto de trasladarte hasta su esencia: el olivar.
  • Para aliñar: Las ensaladas ya sean de frutas o verduras y pastas. Además de gozar con el toque que le otorga a las ensaladas el aove, también aumenta sus propiedades nutricionales y curativas.
  • Con pan: Si algo nos ha llegado de nuestros antepasados es la receta dorada de la rebanada de pan tostado con aceite de oliva por encima. ¿Quién no ha probado eso?

 

Entonces, ¿eso significa que para platos elaborados entre fogones no vale el aceite de oliva virgen extra de calidad? Aunque pierda ciertas connotaciones, al igual que si usas vaso al catar vino en lugar de copa, la etiqueta premium de un AOVE único y natural nunca se pierde pues sigue siendo inconfundible. Recuerda bien que con aceite de oliva virgen extra en un plato puedes cocinar cualquier alimento y convertirlo en una delicatesen.

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